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La Cruz Gloriosa

Genocidio Armenio en el Imperio Otomano

por Gohar Vahanyan

Al final del siglo 19, la gran parte de la Armenia histórica, formaba parte del Imperio Otomano y representaba las provincias orientales del imperio – Van, Bitlis, Erzerum, Diarbekir, Sebastia, Cilicia (Kilikia) y Kharberd. Muchos armenios vivían también en otras ciudades del Imperio Otomano, especialmente en la capital – Estanbul.

La población armenia fue una de las más modernas de su tiempo. Entre ellos había abogados, médicos, escritores, periodistas, etc. La burguesía armenia poseía grandes fábricas, empresas, hoteles y bancos. Mantenían su género nacional, estudiaban en las escuelas armenias, visitaban las iglesias armenias, publicaban periódicos armenios.

Los primeros pogromos para los armenios empezaron durante el gobierno del sultán Abdul Hamid II. Entre 1894-1896 fueron asesinados unos 300.000 cristianos, principalmente armenios.

Al final del siglo XIX el Imperio Otomano estaba en decadencia. La política del sultán tuvo nefastas consecuencias para la situación del Imperio. La burguesía turca tampoco estaba contenta con el régimen de Abdul Hamid II y después de los acontecimientos de 1890, el prestigio político de Turquía se debilitó tanto que, en Europa comenzaron a hablar sobre la desorganización del Imperio.

A finales de julio de 1908, el movimiento nacional de los jóvenes-turcos se alzó en motín y establecieron la primera constitución turca de 1876. Este hecho fue percibido con alegría por los pueblos cristianos del imperio, aunque la euforia de los armenios y otros cristianos duró muy poco.

Los jóvenes-turcos subieron al poder bajo la consigna “libertad, igualdad y fraternidad” y convirtieron su organización en el partido político “Unión y Progreso” (“Ittihad ve Terakki”). Durante algunos años establecieron en el país un régimen dictatorial tal, que poco se diferenciaba de la tiranía de Abdul Hamid II. Negaban cualquier derecho a la autodeterminación de los pueblos no turcos. Realizaban una severísima política de osmanismo y panturquismo.

Ya en 1909 comenzaron los pogromos de Adana. En Cilicia (Kilikia) fueron asesinados 30.000 armenios.

La 1a Guerra Mundial favoreció una situación que hacia parecer razonable la exterminación de la población armenia,  eliminaba el obstáculo cristiano en el camino de creación del Gran Turan, un estado que unificaría los pueblos turcos desde los Balcanes a China.

Ya en febrero de 1914 (cuatro meses antes del asesinato en Sarajevo de Francisco Fernando, Archiduque de Austria), los ittihadistas incitaron a boicotear los negocios armenios. Uno de los líderes de los jóvenes-turcos, el doctor Nazim viajó por Turquía para observar personalmente la ejecución del boicoteo.

El 29 de octubre de 1914 el Imperio Otomano se afilió a la 1a Guerra Mundial por la parte de Alemania. Los buques turcos de guerra, bajo el mando de los oficiales alemanes, atacaron Odesa de improviso y el 2 de noviembre Rusia declaró la guerra a Turquía. A su vez en Turquía fue declarada la yihad (guerra sagrada) contra Inglaterra, Francia y Rusia.

Las condiciones de la población armenia del Imperio Otomano empeoraban día tras día. El gobierno turco acusó a los armenios de tentativa de rebelión (naturalmente sin presentar ningunas pruebas). Fue realizada una movilización total de armenios entre los 18 y los 45 años. A los pueblos cristianos del Imperio Otomano les sometieron al llamado impuesto military.

Mientras la sociedad turca del creciente rojo construía hospitales para el ejército turco con donaciones voluntarias de los armenios, en los establecimientos militares fueron realizadas ejecuciones demostrativas de los militares armenios. La mayoría de los armenios llamados a hacer el servicio militar fueron mandados a batallones obreros donde les explotaron y más tarde los exterminaron.

A primeros de diciembre del 1914, los turcos lanzaron una ofensiva contra el frente del Cáucaso que les hizo sufrir una derrota demoledora, (la pérdida fue de entre 70.000 a 90.000 personas) obligándoles a de batirse en retirada. Retirado el ejército turco concentró toda su cólera sobre la población cristiana de las zonas cercanas al frente. Por su camino fue exterminando a los armenios, asirianos y griegos. Al mismo tiempo por todo el país seguían arrestando a los armenios destacados y atacando pueblos armenios.

Para la primavera de 1915 la máquina turca del genocidio funcionaba a pleno rendimiento. El desarme de los armenios marchaba a todo vapor. En el valle de Alashkert, los destacamentos turcos y curdos pasaban a cuchillo a los pueblos armenios. Cerca de Esmirna (actualmente Izmir) fueron asesinados griegos que habían sido llamados a hacer el servicio militar y comenzó la deportación de la población armenia de Zeitun. En los primeros días de abril la carnicería siguió en los pueblos armenios y asirianos del Vilaet (provincia) de Van.

Paralelamente en Constantinopla empezaron arrestos en masa de armenios destacados – intelectuales, empresarios, políticos, hombres de religión, deputados del parlamento turco, pedagogos, periodistas, etc. Sólo la noche del 24 de abril, en la capital, fueron detenidas 250 personas y en una sola semana 800. La mayoría fueron asesinadas en las cárceles y en el camino hacía la deportación. Los arrestos y el exterminio de los líderes armenios  era en todo el país.

A principios de verano empezó la deportación en masa de la población armenia a los desiertos de Mesopotamia. Primero separaron a los hombres de las mujeres y niños, y a la primera buena ocasión, los mataron. A las mujeres y a los niños les deportaban y, en el camino muchos morían de enfermedades y hambre.

Los curdos y grupos criminales puestos en libertad (las autoridades turcas les habían prometido libertad en caso de que ejecutaran ciertas acciones) atacaban las columnas frecuentemente, raptaban o compraban a las mujeres de los escoltas. A las que trataban de resistir las mataban sin pensar. Sólo una pequeña parte de los deportados alcanzaron el destino, para luego morir de hambre, sed y enfermedades.

A los funcionarios que se negaron a ejecutar el orden de exterminación de los armenios (tales como, el general-gobernador de Aleppo Jelal-bey), los despedían y nombraban en su cargo a los miembros más ardientes del Partido.

Los bienes de los armenios eran saqueados por autoridades, gendarmes y vecinos musulmanes. Poco tiempo después los jóvenes-turcos establecieron un severo recuento de lo robado y una parte se repartía entre los ejecutores de la matanza y la otra se vendía en subasta pública. Los beneficios se enviaban a Constantinopla, a los líderes de Ittihad.

Como resultado se formó una clase intermedia de élite nacional turca enriquecida con las expropiaciones de los bienes de los armenios, que más tarde se convirtió en parte importante del movimiento nacional kemalista. La operación la dirigía personalmente Talaat-pasha, ministro de asuntos interiores del Imperio Otomano.

A pesar de todas las tentativas de los turcos por ocultar la escala y el objetivo final de las acciones, los cónsules de estados extranjeros y los misioneros enviaban incesantemente mensajes sobre las bestialidades que ocurrían en Turquía. Esto les hizo a los turcos actuar con más precaución.

En agosto de 1915, según el consejo de los alemanes, las autoridades turcas prohibieron matar a los armenios en lugares donde los cónsules estadounidenses podrían verlo, pero a pesar de ello hay miles de testimonios. Los testigos describen con que crueldad indescriptible los turcos asesinaban a los armenios. Les ahogaban en el mar, les quemaban vivos encerrados en iglesias, pasaban a cuchillo y fusilaban. Hombres públicos y de ciencias de su tiempo salieron en defensa de los armenios. Entre ellos estaban Henry Morgenthau, Johannes Lepsius, Fridtjof Nansen, Maria Jacobsen, Frans Anatol, Henry Bloss Lynch, etc.

A principios de 1916 el ejército ruso rompió el frente turco y avanzó hacia el interior de Armenia Occidental. En toda la ciudad de Erzurum (entonces en la prensa rusa Erzurum se llamaba “la capital de Armenia Occidental”) los rusos encontraron sólo algunas armenias que estaban en harenes. De toda la población armenia de Trapezund (actualmente Trabzon o Trebisonda) se quedó un pequeño grupo de huérfanos y mujeres que fueron escondidos por familias griegas.

En junio las autoridades despidieron al gobernador Alizora de Deir ez-Zor, de nacionalidad árabe por oponerse a exterminar a los armenios deportados. En su cargo fue nombrado Salij Zeki que era famoso por su implicación en estos exterminios. Con su nombramiento el proceso de la exterminación de deportados fue más rápido. En Deir ez-Zor y Ras ul-Ain fueron creados los primeros campos de concentración.

Para el otoño del 1916, el mundo ya sabía de la masacre en masa de armenios, aunque no se fuera muy consciente de la magnitud de las atrocidades. Había una cierta desconfianza ante los mensajes que llegaban sobre la barbarie turca, aunque se dilucidaba que lo que había pasado en el Imperio Otomano no se había visto jamás antes.

Según el ministro militar turco Enver-pasha, el embajador alemán, el conde Volf- Metternich, fue revocado de Constantinopla porque los jóvenes turcos consideraban que protestaba enérgicamente contra la matanza de los armenios.

En los EEUU el presidente Woodrow Wilson declaró el 8 y el 9 de octubre “días de ayuda a Armenia”. Aquellos días todo el país hacía colectas para ayudar a los refugiados armenios.

Después de la 1a Guerra Mundial, el nuevo gobierno turco formado bajo la presión de la opinión pública internacional, inició un proceso contra los organizadores de genocidio. Entre 1919 y 1920 se formaron tribunales militares extraordinarios que instruían los delitos de los jóvenes-turcos. Hay que decir que, en aquel momento, toda la cúpula de los jóvenes turcos estaba  prófuga. Talaat, Enver, Jemal y otros cogiendo la caja del Partido,  abandonaron Turquía. Fueron condenados a muerte, pero sólo unos pocos, de rango bajo, fueron castigados.

Más tarde según una resolución del partido, a Dashnaktsutiun Jemal-pasha, Talaat-pasha, Said Jalim junto con otros líderes de los jóvenes turcos huidos, se les siguió la pista hasta ser eliminados por vengadores armenios.

En verano de 1919 tuvo lugar un congreso de nacionalistas turcos que, realizaron una protesta contra el armisticio de Mudros. Este movimiento organizado por Mustafa Kemal no reconocía los derechos de las minorías nacionales a la autodeterminación y además seguía la política de los jóvenes turcos en el tema nacional.

Aprovechando las contradicciones entre Inglaterra y Francia, despertando el nacionalismo de curdos y sentimientos religiosos de los musulmanes, Kemal consiguió reunir y armar un ejército y empezó a luchar para restablecer el control en los territorios del Imperio Otomano que fueron perdidos por los jóvenes-turcos.

Después del armisticio de Mudros, los armenios que habían sobrevivido a los pogromos y  a las deportaciones, empezaron a regresar a Cilicia, atraídos por las promesas de los aliados (especialmente por Francia) en prestar ayuda en la formación de autonomía armenia. Pero el nacimiento de la formación estatal armenia iba en contra de los planes kemalistas.

Para los franceses, que en primer lugar estaban interesados en el restablecimiento de las posiciones del capital francés en la economía turca, el destino de los armenios de Cilicia servía solamente de palanca para presionar sobre Turquía durante las negociaciones, pero en realidad poco conmovía a los diplomáticos franceses.

Gracias a la connivencia de Francia, en enero de 1920, los ejércitos kemalistas empezaron una operación de exterminio de los armenios de Cilicia. Después de penosos y sangrientos combates defensivos que, en unas regiones, duraron más de un año, los pocos supervivientes armenios se vieron obligados a emigrar, por lo general a Siria – territorio que estaba  bajo mandato de Francia.

El 10 de agosto de 1920 fue firmado el tratado de Sevr entre Turquía y los aliados que vencieron en la guerra. Según este tratado Armenia recibiría una parte considerable de los vilaetes (provincias) de Van, Erzerum y Bitlis y también una parte del vilaet de Trapezund junto con el puerto homónimo. Este tratado se quedó en el papel, ya que la parte turca no lo ratificó y además los kemalistas recibieron ayuda financiera y militar de los bolcheviques poniendose de acuerdo entre ellos para el reparto del estado armenio. En septiembre de 1920 empezaron actividades militares contra Armenia. La guerra terminó con derrota de la República de Armenia y a los turcos fueron entregados la región de Kars y el distrito de Sumalín.

El apoyo de los bolcheviques de Francia e Italia permitió a los kemalistas en enero de 1921 empezar actividades exitosas también contra los ejércitos griegos que ocupaban aquel entonces (según el acuerdo con Antanta) la Tracia Oriental y las regiones occidentales de Asia Menor. En septiembre de 1922 los ejércitos turcos penetraron en Esmirna. La expugnación de la ciudad iba acompañada de la matanza de la población civil griega y armenia. Los barrios armenios, griegos y europes de la ciudad fueron quemados totalmente por los turcos. Como resultado de la matanza en siete días fallecieron aproximadamente 100.000 personas.

Entre 1922-1923 en Lausana (Suiza) tuvo lugar una conferencia sobre la cuestión del Oriente Cercano a la que asistieron Inglaterra, Francia, Italia, Grecia, Turquía entre otros países. La conferencia terminó con la firma de una serie de tratados entre los cuales había un tratado de paz entre la República de Turquía y los estados aliados, determinando los límites de la Turquía contemporánea. En la redacción definitiva del tratado la cuestión armenia no se citaba de ningún modo.

Los hechos arriba citados no dejan lugar a dudas que en el Imperio Otomano, en tiempos de los tres regímenes turcos que, estaban en relaciones hostiles uno con otro, la política del genocidio de los armenios se realizaba sucesivamente y despiadadamente.

Esto llevó a la liquidación de la presencia armenia en la mayor parte de la patria histórica del etnos armenio.

Hoy día las autoridades turcas siguen exterminando las huellas de presencia de los armenios en el territorio de Armenia Occidental. Las iglesias se convierten en mezquitas o son enteramente arrasadas, los khachkares (cruces de piedra) se hacen añicos, se cambian nombre que, en latín son universalmente admitidos en el mundo científico, en los que se menciona la palabra “Armenia”.

Hoy día, noventa y cuatro años después de la exterminación de los armenios del Imperio Otomano, la cuestión de la vituperación del genocidio armenio por la comunidad internacional todavía está abierta. En los últimos tiempos ha habido algunos progresos. Una serie de estados ha reconocido el genocidio armenio y se aceptaron resoluciones que lo vituperan.

Son  los siguientes:

Uruguay Chipre Grecia Chile

Argentina Bélgica Suecia

Líbano Lituania Francia

Rusia Suiza Eslovaquia

Vaticano Polonia Italia

Canadá Holanda Venezuela

 

Y las siguientes organizaciones internacionales:

El Parlamento Europeo

El Consejo Europeo, Asamblea Parlamentaria

Centro Internacional para la Justicia Transicional (CIJT)

Informe hecho para CIJT

La fundación para la Humanidad de Elie Wiesel

Asociación de Derechos Humanos de Turquía, Sucursal de Estanbul

Unión de Feligrés de los Hebreos americanos

La Asociación de Eruditos de Genocidio

Tribunal Permanente de la Gente, Verdicto del Tribunal

El Consejo Mundial de Iglesias

Le Ligue des Droits de l’Homme

La Asociación Cristiana de Jóvenes

La cuestión armenia se utiliza hasta ahora por algunos estados como un medio efectivo de presión sobre Turquía., mientras que los intereses armenios simplemente se ignoran.

En esta situación, tanto el reconocimiento de los crímenes cometidos en el pasado como el arrepentimiento aportarían más ventajas para Turquía, porque  en primer lugar de esta manera mejoraría las relaciones con Armenia y su diáspora y en segundo lugar privaría a terceros países de una de las viejas herramientas de presión.

¿Quien se acuerda de los armenios?

Adolf Hítler le preguntó a sus generales en 1939: "Después de todo, ¿quién se acuerda de los armenios?", tratando de justificar su plan sistemático de exterminio. No obstante, hasta hoy Turquía lo niega. No admite que se trató de un genocidio, argumentando que las muertes ocurrieron no por un plan de exterminio dispuesto por el Estado, sino por luchas interétnicas, enfermedades y el hambre durante la Primera Guerra Mundial.