El deseo de reencontrar nuestra propia identidad, modo de ser de la Iglesia, tan a menudo perdidos en el mundo moderno, nos lleva a establecer las vías, los puentes de encuentro personal con las comunidades cristianas de Oriente, donde la tradición viva de la vida de la comunidad cristiana nos ayuda a sumergirnos en la riqueza de nuestra propia herencia.
De este modo, las peregrinaciones desean recuperar el profundo sentido del viaje que va más allá de las rutas marcadas por el turismo, llevándonos al encuentro con el otro y se convierten en la experiencia donde Cristo revela el Hombre al Hombre.
Así, son ya muchos los peregrinos (cristianos o no) de toda España que han entrado en contacto con la realidad viva de la Iglesia, en su visita a Siria, Jordania, Turquía, Líbano, Armenia, Georgia, Egipto, Israel, Palestina, Polonia, etc…